viernes, 17 de febrero de 2012

Bolivia – una potencia exergética

En este artículo se plantea la necesidad de empezar a aprovechar creativamente los recursos del medio ambiente en Bolivia para potenciar el desarrollo.


Como ejemplo, se muestra en la figura una microscopía electrónica por escaneo de un mutante de Alcanivorax borkumensis, bacteria descomponedora de residuos de petróleo. El mutante SK2 de esta bacteria efectúa la sobreproducción de polihidroxialcanoato, un polímero que tiene importantes aplicaciones en medicina para la formación de piel artificial, hilo de sutura, parches cardiovasculares y una infinidad de aplicaciones médicas. Bolivia podría acceder a tecnologías de este tipo si decide emplear creativamente sus recursos de biodiversidad, por ejemplo su riqueza de microorganismos, en su gran mayoría todavía por descubrir.
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Los bolivianos tenemos la dicha de vivir en un país inmensamente rico en recursos naturales. No solamente se trata de la abundancia de hidrocarburos o diferentes minerales, para cuyo aprovechamiento ya contamos con una larga experiencia –con sus propios problemas y desafíos-, también tenemos una dotación enorme de recursos naturales renovables.

El problema principal con los recursos naturales no renovables radica en su dotación finita, es decir que más tarde o más temprano sufrirán un agotamiento total o parcial, dejando de ser una fuente de generación de ingresos. Como alternativa a nuestra tradición de país productor de materias primas se ha planteado la industrialización; sin embargo, si se examina nuestra posición competitiva en el contexto internacional, resulta una tarea muy difícil encontrar rubros industriales en los que exista alguna esperanza de llegar a tener éxito, debido a la intensa competencia entre las industrias. Es necesario aplicar pensamiento lateral a nuestros problemas de desarrollo; la salida no se encuentra en los rubros convencionales sino en encontrar la ventaja comparativa inicial del país con relación al resto del mundo. En este marco, probablemente la verdadera riqueza natural de Bolivia esté asociada a su dotación de recursos naturales renovables y de ciclo. Hasta la actualidad no hemos sido capaces de generar experiencias sólidas de aprovechamiento, pero es evidente que la cantidad y variedad de recursos naturales renovables y de ciclo, nos sitúa en los primeros lugares de las listas mundiales. Somos una potencia planetaria en biodiversidad y agua dulce.

Por lo tanto, ¿no sería una decisión correcta concentrar nuestros esfuerzos en desarrollar este potencial?

La economía ecológica es una disciplina científica que trata de superar la perspectiva economicista del proceso de producción. Estudia la interacción del sistema natural con el sistema económico, poniendo en evidencia el hecho de que los modelos económicos tradicionales ignoran el rol del medio ambiente en la producción. En realidad, la mayor parte de los procesos de aprovechamiento de los recursos naturales bajo un paradigma convencional no ha generado la riqueza que se les atribuye; los países industrializados en general han logrado su bienestar actual mediante la explotación de recursos y la depredación de extensas áreas de los denominados países en desarrollo. Por suerte para nuestro país, la depredación de los recursos naturales renovables que han tenido que soportar los países costeros de Latinoamérica no ha llegado en gran magnitud al nuestro, debido en parte a nuestro enclaustramiento geográfico. Por tradición, nos hemos convertido en proveedor de minerales y otros materiales escasos, pero no fuimos muy interesantes para desarrollar procesos agroindustriales. Por lo tanto, Bolivia se presenta en la actualidad como una potencia exergética.

La exergía es un indicador de la eficiencia energética de un sistema productivo. Este indicador se ha propuesto en la economía ecológica, como una alternativa a medidas económicas más restrictivas, como el costo/beneficio. Se refiere básicamente al potencial de la energía para generar efectos útiles para los seres humanos. Un sistema agrícola en base a un paquete tecnológico vinculado al empleo de agroquímicos, si bien aparenta producir mucho, es deficitario desde un punto de vista exergético, ya que la cantidad de energía que consume es mayor a la energía útil “empaquetada” en la producción. En contraste, un sistema agroecológico o la producción de la agricultura campesina tienden a ser más eficientes debido a que sacan provecho a los procesos naturales de ciclaje de nutrientes, competencia intra e interespecífica y a las relaciones de colaboración entre especies, como la simbiosis. Bolivia es rica en este tipo de sistemas, por cuyo motivo nuestra población está habituada a consumir alimentos de elevada calidad biológica y en una variedad que podría provocar la envidia de la mayor parte de los países industrializados. El problema con nuestra producción alimentaria no reside en la eficiencia energética, sino en la escala y en la escasa articulación de las cadenas productivas. El aumento de escala no significa ampliar la extensión de los monocultivos, ni de pensar mecánicamente en procesos agroindustriales vinculados al empleo de semillas genéticamente modificadas –los cultivos transgénicos-, significa ordenar mejor el uso y la tenencia de la tierra. En el altiplano, el empleo de la tecnología tiwanakota de los suka kollus permitiría producir entre diez a cien veces más que los niveles actuales, pero esto no es viable debido al minifundio; si tan solo las comunidades altiplánicas en las microcuencas se pusieran de acuerdo en restaurar los mecanismos comunitarios de uso de la tierra, la inversión municipal en sistemas de suka kollus en el nivel de microcuencas podría garantizar una elevada producción de alimentos. En los valles y tierras bajas existe una cantidad enorme de posibilidades agroforestales y silvopastoriles para ampliar la escala productiva al estilo boliviano, es decir natural y agroecológico. El mundo empieza a conocernos por estas cualidades y muestra una mayor predisposición de pago por alimentos sanos, exóticos y variados.

La eficiencia exergética de los sistemas productivos bolivianos está vinculada a la posibilidad de producir más valor que cantidad. Es más eficiente en términos económico ecológicos producir frutos exóticos en cincuenta hectáreas, que dedicarlas a la producción de soya transgénica. Al vincular mejor las cadenas productivas, incluyendo proveedores de tecnologías, capacidad de procesamiento postcosecha y focalización en mercados evidentes, se logrará que esa rentabilidad se convierta en mayores ingresos para los productores. Lo más interesante es que la exportación de nutrientes desde esas cincuenta hectáreas se minimizará y los niveles de contaminación se reducirán sustancialmente.

La eficiencia exergética de nuestros sistemas productivos permite prever un proceso de desarrollo de corto plazo (entre dos a tres años). En el mediano y largo plazo, el potencial y las posibilidades se multiplican. El mundo ha vivido desde hace más de veinte años una verdadera revolución científica vinculada a la biotecnología. En nuestro país, las posiciones políticas han reducido la discusión sobre el potencial de la biotecnología a la prohibición del ingreso de semillas de cultivos transgénicos. No obstante, las posibilidades científicas que se abren para alcanzar el “vivir bien” son múltiples. En el marco del respeto a los derechos de la Madre Tierra, sin necesidad de patentar la vida y buscando una distribución equitativa de beneficios, los recursos de la biodiversidad boliviana pueden garantizar el bienestar de las futuras generaciones, generando industrias innovadoras que van a permitir crear empleo de calidad mediante una demanda creciente de técnicos y científicos jóvenes. El ingreso per capita se incrementaría gradualmente por encima de otros países latinoamericanos. La sustentabilidad del aprovechamiento de los recursos y la sostenibilidad institucional pueden asegurarse de manera que nuestro país empiece a vivir realmente bien.

Si ese es el potencial, la pregunta de rigor es ¿por qué razón las autoridades estatales no priorizaron el sector ambiental en el nuevo plan de desarrollo? Una de las causas puede ser que temieron no poder manejar la complejidad de este desafío, entre otras cosas porque resulta difícil visualizar sus resultados. Si otros países latinoamericanos fallaron o experimentaron dificultades para hacerlo, tal vez no consideraron prudente arriesgarse. Sin embargo una explicación plausible para no tomar el riesgo de promover un desarrollo al estilo boliviano, también podría estar vinculada a un fenómeno denominado “parálisis paradigmática” Dado que los decisores de políticas se formaron en universidades que les transmitieron paradigmas, modelos y formas de pensar disciplinarias, difícilmente se saldrán de los moldes convencionales y empezarán a pensar de manera abierta. La parálisis paradigmática es el resultado de recibir una educación superior de tipo conductista, relacionada a la memorización de conceptos antes que a un pensamiento reflexivo centrado en la solución de problemas reales. La actual generación de decisores de políticas públicas en general experimenta esta dificultad y tiene ante sí el desafío de descolonizar sus cerebros, desechar conceptos y prejuicios, empezando a confiar un poco más en su creatividad.


Representación tridimensional de una molécula de ADN. Las posibilidades de la biotecnología para el desarrollo de Bolivia, en el marco del respeto a los Derechos de la Madre Tierra, es enorme y poco conocido por la mayoría de los decisores de políticas públicas.

domingo, 12 de febrero de 2012

Qué hago ahora contigo

Tu despedida prematura me encontró completamente desprevenido. Como un ave previsora me encontraba construyendo hoja a hoja el nido que cobijaría el milagro de nuestra unión expresada en un bebé con tus ojos y mi boca, con tus manos y mis dedos, o con tus dedos y mis uñas; realmente alcanzaríamos la cúspide de nuestro amor al combinar nuestros materiales genéticos dando más vida a la vida. Ese día detesté la lluvia que en parte me impidió verte por última vez, pero luego comprendí que todo era parte de tu plan para abandonarme. Definitivamente no fue culpa de la lluvia. Pero no te juzgo. Simplemente no soy la fruta ambicionada, solo un hombre común con más defectos que virtudes, tal vez un corazón que tiene que cargar con un cuerpo que trata de sobrevivir a sus propias limitaciones físicas y temporales. Quizá no hallabas cómo deshacerte de mi presencia así que decidiste terminar conmigo por medios electrónicos. Llorar a mares tu ausencia, quedarme sin lágrimas y no hallar sentido a mi propia frustración son las consecuencias temporales de tu adiós, sin embargo eso no me preocupa mucho, tarde o temprano me resignaré a disfrutar para mí solo la alegría que tenía reservada en abundancia para calentar nuestra felicidad en las noches de invierno; algo así como el desparpajo de la soledad que relata Benedetti. Lo duro es aprender a vivir con tu fantasma. Se apareció la noche de tu despedida y se posesionó de mis cosas. Con total naturalidad, se metió entre mis sábanas, me disputa el café, suda conmigo en el gimnasio y me pegó un tremendo susto cuando casi se ahoga en la piscina, obligándome a sumergirme para rescatarlo. Ahora mismo, tu fantasma corrige lo que escribo y me avienta golpes si no tomo en cuenta sus ideas. Me obliga a tomar apuntes en una pequeña agenda negra, tal vez el único objeto tangible en este laberinto metafísico. Tu fantasma pretende ser mi consuelo, hoy empecé a hablarle y me di cuenta que habla rápido como tú misma, y empieza a desplegar aquella magia que nos envolvía como una cinta morada cuando estábamos juntos ¿Qué hago ahora contigo? Es decir, con tu fantasma.

domingo, 30 de octubre de 2011

Búsqueda

Planeo partir al alba para exponer mis ropas raídas a nuevos horizontes, buscando como siempre el aroma y quizás el sabor de la fruta mágica, con la que soñé hace muchos años una noche que expuse mi rostro ante un millón de estrellas del firmamento del altiplano. A veces siento que me acerco a ella, y mi corazón da un vuelco al presentirla, otras veces el fuego se consume en una espera interminable. El tiempo pasa, las partidas se suceden una tras otra y quizás al atesorar miradas de bienvenida y de despedida, canciones cariñosas y al atisbar sentimientos de amor profundo, empiezo a sospechar que la fruta mágica es una utopía dulce que prospera en los suelos fértiles de un país lejano, todavía por descubrir. La fruta mágica tiene que ser parte y producto de una biodiversidad exuberante, y es probable que para encontrarla deba retornar a mis orígenes, a ese país lejano, todavía no descubierto por el mundo, que abandoné para ir a buscarla. Volver al punto de partida, a ese país complejo y diverso, quizás para verificar que la fruta mágica estuvo siempre esperando por mí en el jardín de mi casa.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Descarga con candela

Uno de los mayores placeres que encuentro en la vida es bailar salsa. Al ritmo de este ritual melodioso de apareamiento, que no concluye necesariamente en ello -pero puede propiciarlo, se da rienda suelta a las fantasías de la vida, colocando en pareja los cinco pares de sentidos en actividad coordinada para empujar los músculos de los pies, piernas, caderas y abdomen hacia una especie de cadencias rítmicas, como las que construyen los poetas con las palabras. Solamente los latinoamericanos somos capaces de expresar y desplegar su belleza en giros, abrazos, roces, besos apenas perceptibles y movimientos eróticos explícitos o disimulados, con la viveza latina que tiene mucho de la fuerza del oleaje del mar, al menos en este caso. Salsa mestiza entre indígena, española y africana, con matices árabes, toques de rumba y flamenco; mi corazón late con fuerza al sentir el redoble de las tamboras del Grupo Niche, el trombón de Willy Colón y la sabiduría de la voz de Rubén Blades. La pasión del trabuco de Manolito y las notas clásicas, casi sinfónicas de Irakere, me hacen pensar en Cuba como la versión bonita del paraíso prometido. En fin, es tiempo de respirar profundamente, mirarla directamente a los ojos, rodear su cintura con una mano y rozar sus dedos con la otra, sonreír con alegría y empezar a improvisar no se si llevándola o dejándose llevar por ella.

viernes, 15 de julio de 2011

LA GESTION DE LA INFORMACION AGROPECUARIA

Un supuesto clásico afirma que el cambio tecnológico en el sector agropecuario de Bolivia será impulsado por la investigación. Sin embargo, desde hace más de medio siglo, el país ha desplegado enormes esfuerzos en la implementación de sistemas de investigación agropecuaria, a veces con enfoques innovadores como en el caso del SIBTA(Sistema Boliviano de Tecnologías Agropecuarias), pero en general con resultados pobres en cuanto a mejoras de la productividad. Por su parte, las carreras agropecuarias de las universidades del país han generado una importante base de información mediante la elaboración de tesis de grado. Sin embargo esta información se encuentra dispersa, a pesar de que recientemente se ha elaborado una base de datos que ya está a disposición de los usuarios en el IICA (Instituto Interamericano de cooperación para la Agricultura). Un vistazo exploratorio de esta base de datos permite apreciar un comportamiento caótico de la investigación realizada, dejando ver que las universidades públicas o carecen de políticas de investigación, o que si las tienen no responden a necesidades estratégicas, sino a coyunturas. En esa lógica, se puede aventurar la hipótesis que las próximas tesis de grado van a estar focalizadas en los diferentes efectos agropecuarios del cambio climático y que temas de importancia estratégica, como las aplicaciones de la biotecnología al estudio de la agrobiodiversidad boliviana, se van a debilitar aún más.

Si ese es el panorama de la investigación, la figura empeora al observar la parte que corresponde a la aplicación del conocimiento generado por la investigación en los procesos de producción. La conclusión inmediata es que en el país persisten sistemas productivos arcaicos y que la innovación en ellos responde en un 70% a la innovación local realizada por los mismos productores y un 30% a las tecnologías introducidas por las diferentes empresas de provisión de insumos, que a su vez sacan ventaja del denominado “efecto de desborde tecnológico”, mediante el cual los productores bolivianos se benefician de los resultados obtenidos en investigaciones de otros países. Un ejemplo de este efecto es el uso de alfalfa de la variedad “ranger” en el altiplano, aprovechando investigación realizada y financiada por los norteamericanos; ahora que la producción de esta variedad ha sido discontinuada en los Estados Unidos, los productores lecheros del altiplano han enfrentado una crisis de producción forrajera que todavía no ha sido completamente resuelta. La presencia del sector público en la dotación de tecnologías y resultados de investigaciones que tengan aplicabilidad práctica para los agricultores bolivianos es virtualmente inexistente y peor aún, carece de una perspectiva estratégica orientada a promover un cambio tecnológico gradual para construir las bases de la soberanía alimentaria nacional en base a los sistemas productivos que ya están funcionando.

¿Cómo avanzar?

Una primera constatación empírica radica en que no vale la pena seguir apostando a la conformación de un sistema nacional de investigación en el corto plazo. Si los tomadores de decisiones toman las decisiones correctas, este sistema se irá afianzando gradualmente y tal vez empiece a rendir frutos en el mediano y largo plazo, pero no de inmediato.

La segunda constatación –también empírica- es que existe una cantidad enorme de información y hasta bases de conocimientos, que podrían aprovechar los productores para mejorar su productividad y empezar a implementar sistemas agroecológicos.

La gran dificultad con esta información es que se encuentra depositada en diferentes fuentes, algunas de ellas poco accesibles, impidiendo su acceso a los productores que la necesitan. Una variable adicional reside en las características de la interculturalidad boliviana, no todos los productores saben castellano a un nivel adecuado para comprender las especificaciones técnicas del conocimiento disponible. Más aún, la información de mayor valor se encuentra en inglés por la sencilla razón de que los investigadores agropecuarios del mundo han adoptado esta lengua para intercambiar sus conocimientos. Dentro del país, la existencia de varias lenguas y culturas en la actualidad se constituye en una barrera de comunicación, impidiendo la difusión natural de conocimiento útil entre productores pertenecientes a diferentes grupos étnicos, portadores de diferentes lenguas y por lo tanto, cosmovisiones. Sin embargo, se puede afirmar que existen conglomerados de innovación y conocimientos en muchas comunidades rurales del país. Este conocimiento tiene una riqueza y utilidad excepcional para mejorar la producción de alimentos, pero no se difunde por la sencilla razón de que nadie se ha puesto en contacto con estos productores innovadores, no se ha sistematizado su experiencia y no se ha elaborado un protocolo de adaptación y aplicación de estos conocimientos, considerando que es necesario difundirlos en diferentes condiciones agroecológicas

Por lo analizado hasta acá, queda claro que en lugar de concentrar los esfuerzos y recursos solamente en la investigación, necesitamos resolver en el país también la gestión de la información y del conocimiento, de manera que los productores tengan a la mano el conocimiento necesario para mejorar su toma de decisiones a la hora en que necesitan definir qué sembrar, donde sembrar, cuándo sembrar y con qué arreglo tecnológico. Este es el camino para ir avanzando gradualmente hacia una agricultura tecnificada. Es importante mencionar que no importa tanto la escala de la agricultura, esta puede ser de pequeña escala siempre y cuando genere suficiente rentabilidad para las familias de los productores. Lo que sí resulta clave es que las decisiones técnicas a tomar consideren con la mayor seriedad posible las condiciones de sostenibilidad. Por lo tanto, aplicar un enfoque agroecológico es imperativo y de mayor importancia que la escala de la producción. Más que cantidad, el productor debe buscar la producción de valor y calidad biológica, condición necesaria de la soberanía alimentaria. De esta manera, se busca que el productor maximice su rentabilidad, minimizando las exportaciones de nutrientes fuera de la finca. Los pequeños productores agropecuarios que se encuentran ante el dilema del minifundio, pueden encontrar todavía un menú interesante de alternativas tecnológicas para producir y ser rentables (solo a manera de ejemplo, la producción tecnificada de champiñones no requiere demasiado espacio y es una actividad rentable). Si acordamos que estos objetivos están en línea con las aspiraciones de los productores del país, un aporte de parte del sector público que podría impulsar la consolidación de la soberanía alimentaria nacional, radica en implementar una estructura racional de gestión de información productiva con salidas acordes con las características de los diferentes pueblos del país, en los momentos oportunos y en función a una estrategia nacional que busque impulsar la implementación de sistemas agroecológicos. Para apoyar esto existen experiencias valiosas de uso de las actuales tecnologías de información y comunicación - TICs, cuyo acceso y uso está bastante difundido entre los productores bolivianos.

¿Cómo sería este sistema de información agropecuaria?

La gestión de la información agropecuaria consiste en: 1. Una etapa de campo para acopiarla. 2. Una etapa de gabinete para organizarla. 3. Una etapa de campo para validarla. 4. Otra etapa de campo para difundirla y acopiar nuevos hallazgos. En la etapa de gabinete es necesario integrar en una sola base lógica la información acopiada en diferentes fuentes con diferentes formatos. La información duplicada puede removerse fácilmente y la información incompleta puede ser categorizada según niveles de certidumbre. Una acción importante y de elevado impacto es la modelación matemática y simulación a partir de la información disponible para multiplicar en el espacio información que ha sido acopiada en un solo punto (parcela de producción). Las etapas de campo se pueden implementar de manera muy sencilla aplicando diferentes metodologías de investigación y desarrollo participativo.

Es tan simple poner en funcionamiento y operar una base de datos de información agropecuaria, que el público debe preguntarse por qué razón nunca se intentó hacerlo. Una de las posibles explicaciones es que sin el desarrollo tecnológico actual, era poco viable social y económicamente. Hoy como nunca es posible contar con bases de datos relativamente sencillas y de bajo costo, que integran plataformas de información cualitativa, cuantitativa, gráfica, geográfica (o georeferenciada), además pueden colocarse directamente en línea. Se puede desarrollar una cantidad de aplicaciones para las salidas de información, vía telefonía celular, radio, televisión, telecentros rurales y aprovechando las estructuras organizativas existentes en las comunidades de productores rurales. Los líderes productivos locales o “yapuchiris” como se denominan en el altiplano, pueden ser un brazo operativo valioso para la difusión de la información.

martes, 12 de julio de 2011

Notas acerca de los bioindicadores

Hay muchas interacciones entre los componentes bióticos y abióticos de los ecosistemas que determinan la presencia y abundancia de especies específicas en ellos. La población o abundancia de una especie depende de las condiciones abióticas y la presencia de otras especies en su nicho ecológico. Por este motivo, las intervenciones humanas dirigidas al manejo de los ecosistemas o aquellas actividades que los afectan involuntariamente, pueden ser evaluadas mediante un seguimiento a determinados procesos, que será factible en la medida que se identifiquen las especies o los procesos ecológicos adecuados. Conforme nuestro conocimiento científico sobre la ecología boliviana se profundiza, surge la posibilidad real de usar la información generada por los diferentes componentes bióticos presentes en los ecosistemas bolivianos, sean organismos, sus células e inclusive sus componentes sub-celulares en calidad de indicadores acerca de la calidad ambiental, y también para evaluar el impacto de las tensiones ambientales provocadas por las actividades humanas sobre la composición y funcionamiento de los ecosistemas. Si se realizara un monitoreo temporal, la información recolectada a partir de la observación de los bioindicadores permitiría investigar las tendencias de los cambios.

Se abre un campo científico de elevado interés e importancia para el país, porque las modificaciones que sufren actualmente los ecosistemas bolivianos, están conduciendo a una extinción masiva de especies, quizás muchas de ellas desconocidas. La destrucción del medio ambiente en Bolivia está afectando la provisión de servicios ambientales y está generando condiciones de un mayor empobrecimiento para nuestra gente: de la población actual y de las futuras generaciones. Conocer con mayor precisión la intensidad, dirección y velocidad de las modificaciones negativas en nuestros ecosistemas, podría ayudar a concientizar a las autoridades competentes para que decidan tomar algunas medidas. Más importante, podría apoyar en la planificación comunitaria para fortalecer el desarrollo comunitario sostenible.
¿Porqué se justifica el empleo de especies bioindicadoras?

En la naturaleza los organismos, poblaciones y comunidades bióticas son afectados por numerosos factores bióticos y abióticos, como las fluctuaciones climáticas, la variación del ciclo hidrológico, la radiación solar, la disponibilidad de nutrientes, las relaciones predador-presa, los parásitos, las enfermedades y la competencia intra- e interespecífica. Estos factores variables influyen de manera crucial en cada nivel de la organización biológica. En consecuencia, la habilidad para reaccionar ante estos factores es una característica común de todos los sistemas biológicos; el desarrollo de las especies y de los ecosistemas en su conjunto es posible gracias a estos factores variables, porque son el motor de la evolución, siempre y cuando la amplitud de las condiciones y recursos que varían no sobrepase determinados umbrales.

La actividad humana ha provocado cambios en los patrones normales de variación de los factores ambientales. En el medio ambiente existen ahora sustancias nuevas. La atmósfera diáfana de la cuenca de La Paz está ahora opacada por una cantidad de sustancias en suspensión, incluyendo el humo del diesel y otros contaminantes orgánicos e inorgánicos. Estas nuevas sustancias generalmente tienen un efecto multiplicador al ser incorporadas a la dinámica de los sistemas naturales, dando como resultado que el nivel de tolerancia de los organismos pueda ser excedido.

La población boliviana se caracteriza por una cantidad de hábitos de consumo que generan muchos desperdicios y sustancias contaminantes, como la adquisición de vehículos chatarra, ropa usada y tecnologías electrónicas de bajo costo y poco tiempo de vida. Se estima que cada año deforestamos 200 mil hectáreas de bosque primario y quemamos hasta un millón de hectáreas de vegetación secundaria para fines agrícolas. Una cantidad no determinada de hectáreas de tierras agrícolas se desertifica por malas prácticas de manejo, incluyendo la habilitación de áreas de pastoreo ancestrales para fines agrícolas. En algunas cuencas, donde se practica la minería, vertimos cantidades de metales pesados y otros contaminantes a las corrientes de agua. No existe un registro de las especies que estamos afectando, pero la reducción de poblaciones de párabas y otras aves endémicas en el país ya es notoria debido a la destrucción de sus hábitats. No sabemos a ciencia cierta cuántas especies existen en Bolivia, los inventarios apenas llegan a plantas vasculares, mamíferos, reptiles, anfibios y algunos artrópodos. Los verdaderos arquitectos de los ecosistemas, como las bacterias, hongos, protozoarios y la biota pequeña de suelos, pantanos y aguas permanecen prácticamente desconocidos. El año 2010, como resultado del crecimiento del parque automotor “chatarra” y las quemas intencionadas de la vegetación, los bolivianos hemos emitido a la atmósfera tantos gases de efecto invernadero per capita como los Estados Unidos. A este ritmo, estamos creando las condiciones para que las generaciones venideras, nuestros hijos y nietos, vivan en la más abyecta pobreza.

Las tendencias identificadas son esencialmente cualitativas debido a que no contamos con un dispositivo para adquirir información confiable sobre la situación pasada, presente y futura del medio ambiente. El dispositivo clásico de las imágenes obtenidas por sensores remotos, y luego integradas a sistemas de información geográfica, no cubre todo el rango de información necesaria, su adquisición es costosa y normalmente su acceso está restringido al público por parte de las entidades, que paradójicamente las adquieren con recursos públicos.

En este contexto, el empleo de datos provenientes de la lectura de los bioindicadores en la articulación de sistemas de monitoreo, se perfila como un dispositivo para realizar un seguimiento de los cambios ambientales, de los cambios producidos por actividades humanas específicas e incluso para monitorear los impactos de proyectos de desarrollo o de aprovechamiento de los recursos naturales.

Una especie bioindicadora es aquella que reacciona con mucha sensibilidad frente al cambio de alguna característica que observamos, como la temperatura, precipitación, humedad ambiental, concentración de algún contaminante, etc. El mayor desafío radica en demostrar la relación causal entre el comportamiento de la especie y los cambios que tienen lugar en la característica de interés. Para ello existen métodos estadísticos sofisticados. De acuerdo con la escala del saber, los datos e información que podríamos obtener de los bioindicadores están impregnados de cierta subjetividad –como ocurre con todo el saber humano- , de manera creciente según subimos los escalones de esta escala.
Con estas limitaciones, el potencial de uso de los bioindicadores en el país reside en su bajo costo, su facilidad relativa de observación, su vinculación próxima a los saberes tradicionales y la posibilidad de involucrar a los productores como observadores locales, ganando en la adquisición de datos en regiones completas y quizás a nivel nacional.

Sin embargo, hay que resolver antes varios desafíos, empezando por formular conceptos exactos de bioindicador y biomonitor, en relación con su vinculación a las características ambientales que indican y su empleo e interpretación en el marco del programa. Por ejemplo, no es lo mismo observar bioindicadores que predicen el comportamiento meteorológico para generar información para el seguro agrario, que observar bioindicadores para determinar la variación en la concentración de sustancias tóxicas en una corriente de agua. En este último caso pueden presentarse bioindicadores de efecto, que permitirían evaluar los efectos inmediatos de los cambios en la concentración de sustancias tóxicas en el agua y los biomonitores de acumulación que permitirían observar lo que ocurre cuando ciertas sustancias se van acumulando en la cadena trófica.

No obstante, algunos investigadores prefieren distinguir el concepto de bioindicador como un organismo, parte de un organismo o una comunidad de organismos que contiene información cualitativa sobre cierta característica del ambiente, mientras que un biomonitor es un organismo, parte de un organismo o una comunidad de organismos que contiene información sobre los aspectos cuantitativos de la calidad del ambiente. Esto quiere decir que un biomonitor puede ser al mismo tiempo un bioindicador, pero un bioindicador no necesariamente cumple los requisitos para ser considerado un biomonitor.

Un bioindicador o biomonitor es activo cuando la información que genera como reacción a una determinada característica del medio ambiente, ha sido estudiada, caracterizada y estandarizada, incluyendo con frecuencia procedimientos analíticos de laboratorio y periodos precisos de exposición y posterior medición, por lo tanto la mayor parte de las veces estos organismos son colocados en el sitio o medio que se desea evaluar. Un bioindicador o biomonitor pasivo es un organismo que ya existe de manera natural en el ecosistema y solamente se observa su reacción a determinados factores o cambios.
De acuerdo a lo que se observa en estos organismos, existen bioindicadores (a) de procesos de acumulación generalmente para procesos de acumulación de contaminantes o sustancias xenobióticas, y (b) de efecto o impacto para observar los efectos específicos de la exposición a determinadas condiciones o sustancias en términos de cambios en la estructura molecular, celular, histológica, morfológica, ecofisiológica o cambios poblacionales en las comunidades de individuos, e incluso a nivel de biomas o biosfera.

Como nuevos métodos de bioindicación se puede mencionar a:

- Los biomarcadores son parámetros biológicos definidos a nivel genético, enzimático, fisiológico o morfológico al interior de un organismo, los cuales reaccionan o cambian ante determinadas influencias ambientales, como por ejemplo las sustancias contaminantes. Después de la exposición a la influencia ambiental, generalmente se presentan cambios cualitativos, por ejemplo la coloración rojiza que presenta la vegetación cuando existe deficiencia de fósforo soluble en el suelo o el crecimiento desmesurado del follaje cuando las raíces experimentan un exceso de aniones de nitrógeno en la porción de suelo de la rizosfera.
- Los biosensores son dispositivos de medición que producen una señal proporcional a la concentración de sustancias contaminantes mediante algún mecanismo biológico preciso o un sistema selectivo biológico, como reacciones enzimáticas, formación de anticuerpos, reacciones de membranas, modificaciones o excreciones de los organoides celulares, reacciones en las células o tejidos y otros. Estos fenómenos pueden ser detectados y medidos por algún artefacto de transmisión, como los sensores potenciométricos, receptores optoelectrónicos y otros. Por ejemplo, el empleo del electrodo bacterial EuCyano para la detección y medición de concentraciones de metales pesados, el monitor bacterial de toxicidad en corrientes superficiales de agua “Toxiguard”, y otros.
- Los bioensayos son procedimientos rutinarios en la industria farmacéutica para probar los efectos de agentes químicos (nuevos medicamentos) sobre los organismos, tanto en condiciones de laboratorio como de campo, bajo condiciones estandarizadas. Los bioensayos pueden emplearse para proveer datos sobre bioindicación ybiomonitoreo.

Los bioindicadores se han empleado rutinariamente en tópicos de biología de la conservación. Por ejemplo, las taxas indicadoras o indicadores ecológicos, son especies sensibles a procesos de cambio en los ecosistemas o a contaminantes que modifican la composición de la biodiversidad. Estas taxas son consideradas como representativas de comunidades más grandes, actuando como un indicador de la condición de un hábitat, comunidad o ecosistema. Muchas investigaciones sobre biodiversidad recurren a este tipo de especies sustitutas o especies indicadoras de biodiversidad, en especial cuando el grupo de especies de interés presenta complicaciones de identificación o seguimiento.

En el campo de la ecología vegetal se ha aportado a una mejor comprensión de la manera en que hay que entender la reacción de los bioindicadores en relación con su adaptación a los tensores ambientales, para lo que fueron definidos los siguientes conceptos: tolerancia, resistencia y sensibilidad. Tolerancia es la capacidad de un organismo o comunidad de adaptarse a factores bióticos o abióticos desfavorables, a través de cambios fisiológicos adaptativos que pueden ser observados en el campo o en el laboratorio (i.e. la inducción enzimática frente a la baja de temperatura o la reacción de inmunidad a patógenos). La resistencia es una habilidad genética de los organismos para soportar diferentes tensores ambientales o bióticos. La sensibilidad es la susceptibilidad de los organismos al cambio de las condiciones abióticas o bióticas.

La calibración de los bioindicadores es un problema a resolver, debido a que los procesos biológicos subyacentes son complejos y muchas veces siguen una tendencia no lineal. Se ha observado que muchas especies animales y vegetales efectúan una mayor bioacumulación de sustancias contaminantes a bajas concentraciones ambientales, pero ésta disminuye rápidamente conforme aumentan los niveles ambientales; eso puede significar que el segmento de contaminación que realmente interesa conocer sea más difícil de calibrar.

sábado, 21 de mayo de 2011

SERVICIOS AMBIENTALES EN CUENCAS HIDROGRAFICAS


Los servicios ambientales son los bienes, funciones y procesos que son obtenidos a partir del aprovechamiento de los ecosistemas y la biosfera, para el beneficio de los seres humanos. Este enfoque fue desarrollado a partir del trabajo seminal de Costanza et al (1997) y tiene una fuerte conexión con la valoración económica de los servicios y activos ambientales. En un enfoque un tanto más amplio, se puede indicar que los servicios ambientales son el resultado de una adaptación evolutiva y geomorfológica del paisaje en un proceso que ya lleva más de 6 mil millones de años, y que ha dado como resultado en nuestro territorio la formación de un altiplano ubicado por encima de los 3500 msnm, una cordillera con dos ramales y una cantidad apreciable de glaciares y recursos minerales, valles interandinos con zonas de elevada biodiversidad y una llanura tropical y subtropical con áreas extensas de formaciones vegetales como el bosque húmedo, las sabanas y otras. En este paisaje existen ecosistemas, cuyo funcionamiento y estructura, recién estamos empezando a comprender. Los bolivianos hemos estudiado muy poco nuestros ecosistemas, pero también es cierto que la complejidad de relaciones entre el medio ambiente y la biota en la conformación de ecosistemas en nuestro país es comparativamente mayor que la de muchos otros países. En este contexto, la comprensión de los servicios ambientales que proveen los ecosistemas bolivianos a nuestra sociedad es una tarea urgente, a fin de contribuir a su conservación y aprovechamiento sostenible.

Clasificación de los servicios ambientales

La estructura y funcionamiento de los ecosistemas no puede ser desagregada en componentes naturales, por lo que cualquier intento de clasificación es una construcción humana que busca criterios de ordenamiento para procurar comprender gradualmente una realidad intrínsecamente compleja. La siguiente lista presenta la taxonomía internacional del milenio para la tasación de servicios ecosistémicos (UN, 2005), que se suele emplear en estudios internacionales:


































Los bienes son los productos tangibles que producen los ecosistemas desde la aparición de los seres humanos en el actual territorio nacional, los servicios de regulación se refieren a la capacidad de regular los procesos ecológicos esenciales a través de los ciclos biogeoquímicos; los servicios de soporte contribuyen a preservar la productividad y calidad de los bienes y servicios ambientales y, por último, los servicios culturales vinculan los valores que asigna la sociedad a la calidad del medio ambiente. Constanza et al (1997) inventarió 17 categorías de servicios ecosistémicos y de Groot et al (2002) amplió la lista a 23 funciones agrupadas en cuatro categorías funcionales. Independientemente del criterio de clasificación aplicado, existe consenso respecto a la integralidad de los bienes y servicios ambientales, la complejidad inherente a su estudio y manipulación, así como las múltiples conexiones –muchas de ellas desconocidas- que garantizan el funcionamiento de los ecosistemas. La sobrevivencia y bienestar de la población boliviana depende de la conservación de los servicios ambientales. Hasta hace poco la densidad poblacional era tan baja en el país, que no había necesidad de reflexionar acerca de la viabilidad de los servicios ambientales en el corto y mediano plazo, ya que no existía demasiada presión sobre sus diferentes componentes. En la actualidad, esta situación se está modificando rápidamente.

Servicios de las cuencas hidrográficas

El agua es esencial para mantener la vida en los ecosistemas y su presencia en los seres vivos está vinculada al ciclo hidrológico, es decir a los procesos continuos de evaporación del agua, la precipitación y la escorrentía. Las cuencas hidrográficas están conformadas por el área que drena a un punto de salida hacia un río, estuario o lago. En Bolivia se distinguen tres cuencas grandes y 11 sub-cuencas. Los procesos hidrológicos configuran los paisajes, sus relaciones y poblaciones bióticas, por lo que las cuencas hidrográficas se constituyen en la unidad mínima para el manejo de ecosistemas. Si se trata de gestionar los recursos hídricos, las cuencas son las unidades lógicas de manejo. Los sistemas de información geográfica han mejorado nuestras capacidades para caracterizar las cuencas hidrográficas.


Las cuencas hidrográficas proveen los siguientes servicios:

a) Servicios de aprovisionamiento: provisión de agua dulce, producción de alimentos, provisión de materiales forestales y producción de energía hidroeléctrica.
b) Servicios regulatorios: regulación de la escorrentía superficial, infiltración de agua en el suelo, recarga de acuíferos, mantenimiento del flujo base, prevención y reducción de inundaciones, reducción del riesgo de deslizamientos, protección del suelo, control de la erosión y sedimentación, protección de la calidad del agua superficial y subterránea.
c) Servicios culturales: recreación acuática, estética del paisaje, herencia cultural, identidad cultural, inspiración artística y espiritual.
d) Servicios de respaldo: hábitat para especies diversas.

Las características que describen una cuenca hidrográfica son: el área, la forma de la cuenca, la topografía, la red de drenaje, la geología, los tipos de suelos, el uso de la tierra, la estructura del paisaje y la hidrología.

El área de drenaje de una cuenca más la precipitación que la caracteriza, determinan la cantidad de agua que se va a escurrir. Los paquetes de SIG suelen realizar la delimitación de cuencas de manera automática, pero también se puede realizar esta operación a partir de mapas topográficos, para cuyo efecto es necesario identificar primero el punto de drenaje o punto de salida de la cuenca, luego se trazan líneas perpendiculares a las líneas de contorno exactamente por el medio de las crestas que forman la división de las aguas, hasta delimitar completamente la cuenca. Los diferentes países han elaborado sistemas de clasificación de cuencas empleando el concepto de unidades hidrológicas codificadas. En Bolivia, esta tarea debiera ser realizada por la agencia gubernamental correspondiente para fines programáticos, de desarrollo y estandarización. En este sentido, la codificación de unidades hidrológicas es una tarea que permitiría establecer y cuantificar los servicios ambientales específicos que proveen las cuencas en el país.

La forma de la cuenca determina en gran medida el caudal de las descargas, en especial los caudales extremos durante una tormenta. El índice de Gravelius relaciona el perímetro y área de la cuenca a fin de dar una idea acerca de los procesos hidrológicos que la caracterizan. En cuencas con forma alargada, las descargas pico son menores que en cuencas cuya forma tiende a ser más redondeada.

La topografía es la descripción de la superficie de un área. La topografía de la cuenca influye en el clima local a través del aspecto o dirección de las pendientes, la elevación y la hidrología de la escorrentía. Las características de la topografía también determinan cuánto de la precipitación se infiltra o escurre, el almacenamiento de agua, la velocidad de la escorrentía y la humedad del suelo.

La densidad de la red de drenaje se refiere a la longitud de las corrientes superficiales por unidad de área de cuenca y provee información acerca del potencial de escurrimiento de una cuenca. Las cuencas ubicadas en regiones áridas y con suelos de elevada permeabilidad tienen una densidad baja, lo opuesto ocurre con cuencas en regiones de alta precipitación y suelos arcillosos.

La geología local hace referencia a la estructura y composición de los materiales parentales donde está ubicada una cuenca. La composición de la roca madre determina la composición mineral del agua y la permeabilidad de los suelos; las formaciones geológicas definen muchas de las características físicas de la cuenca.

Los suelos son uno de los componentes clave de la cuenca. Los suelos proveen una gran cantidad de funciones ecosistémicas porque actúan como un medio para el crecimiento de las plantas, almacenan agua y la purifican, reciclan materiales orgánicos y nutrientes, proveen un hábitat para los organismos edáficos, garantizando la existencia de microorganismos que realizan ciclos de nutrientes de importancia vital para mantener la vida en el planeta, como el caso del nitrógeno. Entender cómo los suelos desempeñan estas funciones en la cuenca es vital para diseñar formas de manejo adecuadas, es más la mayor parte de los servicios provistos por las cuencas dependen de una u otra manera de los suelos, toda el agua precipitada fluye superficialmente o se infiltra en los suelos. La capacidad de infiltración de los suelos determina el almacenamiento de agua y el volumen de escurrimiento superficial; el agua almacenada en los espacios intersticiales del suelo se desplaza lentamente, permitiendo que los microorganismos consuman los contaminantes presentes y los transformen en materiales menos problemáticos, y provee un flujo base a las corrientes superficiales, por cuyo motivo los ríos no se secan en la época seca, o lo hacen algún tiempo después de la conclusión de la época de lluvias. Normalmente los gobiernos toman medidas para la clasificación, protección y uso sostenible de los suelos, tarea que deben desempeñar en Bolivia las autoridades correspondientes, ya que las pérdidas permanentes en su fertilidad están conduciendo a arriesgar la productividad de alimentos.

El uso de la tierra se refiere al empleo de los terrenos de una cuenca en actividades de interés económico para la población, incluyendo los asentamientos, la agricultura, la forestería, las tierras de pastoreo, las áreas de vegetación natural para recreación y otros. La cobertura de la tierra es la cantidad y tipo de vegetación, agua y materiales naturales que cubren los terrenos. Los cambios en la cobertura de la tierra ocasionan cambios en la función de los ecosistemas y procesos ambientales a nivel local, regional y global. Si estos cambios son inadecuados, dan como resultado contaminación de aguas, suelos y aire, cambios en los patrones climáticos y modificaciones de la estructura y composición de la biodiversidad, lo que con frecuencia conduce a la extinción de especies. Como ocurre en otros aspectos de la gestión de cuencas, el involucramiento del gobierno es importante en la determinación de los patrones permitidos de uso de la tierra, de acuerdo con las vocaciones naturales ya establecidos mediante numerosos estudios y proyectos. Esto es más importante ahora que por cuestiones políticas se ha implementado un viceministerio de tierras que tiene la tarea de redistribuir las tierras a los pequeños productores. Si para la tenencia de la tierra no se cumple la función económica, social y ecológica, se promoverá un uso irracional de la tierra, como ya viene ocurriendo en la actualidad.

La estructura del paisaje en una cuenca incluye los diferentes tipos de comunidades vegetales. Los tipos de comunidades pueden ser matrices, parches, mosaicos y corredores. La matriz de un paisaje es la comunidad vegetal dominante e interconectada con otras comunidades en la mayor parte del paisaje. Los parches son comunidades vegetales que difieren de la forma dominante y se encuentran localizados dentro de la matriz. El mosaico es un tipo de comunidad vegetal caracterizado por tener una variedad de especies conviviendo en un mismo espacio físico o hábitat. Los corredores son comunidades vegetales de forma alargada que conectan diferentes parches en el paisaje, tales como los bosques de galería a lo largo de ríos en la Amazonía o los corredores ribereños.

El ciclo hidrológico consiste en el movimiento permanente del agua desde los océanos a la atmósfera y las cuencas, gracias a la energía solar que evapora el agua y la hace parte de la circulación atmosférica. Cuando la masa de aire se sobresatura con vapor de agua debido a un enfriamiento y en presencia de diversos núcleos de condensación, el vapor se transforma en gotas de agua o cristales de hielo que se precipitan hacia el suelo. Las precipitaciones pueden ser frontales, convectivas u orográficas. El granizo típico del altiplano y cabeceras de valles en la época de lluvias es producido por precipitaciones convectivas, mientras que las nevadas de invierno en el altiplano son un ejemplo de precipitaciones orográficas. La precipitación y la temperatura son las características determinantes de los diferentes biomas de la tierra. Una parte de la precipitación es interceptada por la vegetación y posteriormente evaporada o evapotranspirada, constituyéndose hasta en el 40 a 70% de la precipitación anual en una cuenca. El agua que cae a la superficie inicialmente es retenida por las pequeñas irregularidades del terreno, creando un almacenamiento superficial. Las zanjas de infiltración son una tecnología diseñada para incrementar el almacenamiento superficial. El agua retenida se infiltra en el suelo con una velocidad variable que depende de las características del suelo. Cuando el almacenamiento superficial se satura y la precipitación continúa, el agua empieza a desplazarse sobre el terreno. Este flujo de agua es la escorrentía. Del agua que se infiltra, una parte se percola profundamente y recarga los acuíferos, otra parte es retenida como humedad del suelo y una tercera parte se desplaza horizontalmente a través del suelo, pudiendo emerger nuevamente a la superficie en forma de flujo de retorno. Toda el agua que escurre por la pendiente se encauza en una corriente de agua, formando arroyos y ríos. La descarga de estas corrientes se puede representar mediante hidrogramas que vinculan el caudal con el tiempo. Un hidrograma tiene dos tipos de caudales: el caudal base y el caudal de tormenta. El caudal base es aquel que fluye entre dos eventos de tormenta, su importancia radica en que la cuenca libera lentamente parte del agua retenida. Si la cuenca tiene vegetación y se encuentra en buen estado, el caudal base será grande y puede llegar a durar toda la época seca proveyendo agua a la población ribereña; en cambio en cuencas degradadas, el caudal base es pequeño y frecuentemente se seca poco después de concluida la época de lluvias.

La calidad del agua es el resultado de las diferentes características de la cuenca. La calidad del agua incluye aspectos físicos, químicos y biológicos. Las características físicas incluyen la temperatura, turbidez, color y sólidos suspendidos, así como la condición de los canales, bancos de arena y caudal del agua. Las características químicas son: el pH, la alcalinidad, dureza del agua, oxígeno disuelto, nitrógeno, fósforo, metales, aceites y grasas así como componentes orgánicos diversos. Las características biológicas son la presencia de microorganismos incluyendo patógenos, fauna béntica y comunidades de plantas e invertebrados acuáticos. El gobierno debe establecer los estándares para la calidad del agua de acuerdo con su uso consuntivo. El agua potable debe cumplir estándares altos de calidad, mientras que para el agua de riego se debe establecer menos requisitos. La turbulencia del agua es uno de los principales mecanismos naturales para mejorar su calidad. En teoría la carga diaria máxima total (CDMT) es la cantidad de un contaminante determinado que la corriente de agua es capaz de asimilar sin afectar sus estándares de calidad. Los CDMTs deben ser definidos por el organismo gubernamental correspondiente y su cumplimiento debería ser sometido a mecanismos legales. Lamentablemente, este control está fuera del alcance del gobierno y sus diferentes entidades dando como resultado una cantidad de riesgos para la salud de la población inclusive en las ciudades más pobladas.

En las cuencas hidrográficas , como en todos los ecosistemas, todo está conectado, de manera que el cambio en una característica repercute en los resultados finales, en este caso en la calidad y cantidad de agua resultante. Un cambio en el uso de la tierra o en la cobertura vegetal de la cuenca generará cierta variación en la geomorfología e hidrología, causando cambios en la hidráulica de los canales, lo que a su vez cambiará la función de la corriente de agua y modificará la población de la comunidad acuática. El cambio es necesario y es un hecho que ocurre permanentemente de manera natural. Sin embargo las actividades humanas pueden provocar cambios acelerados que sobrepasan la capacidad de resiliencia de la cuenca, lo que normalmente genera impactos negativos en el ecosistema. El resultado a corto plazo suele ser la contaminación del agua o la modificación del flujo base, generando una escasez en la provisión de agua. Los resultados a largo plazo, si no se toma medidas correctivas puede ser una degradación mayor de los ecosistemas. Si bien la ciencia hidrológica y el desarrollo de la generación hidroeléctrica para los diferentes países plantean la necesidad de construir embalses, en Bolivia esto es innecesario ya que la configuración topográfica de las cuencas garantiza caudales permanentes y suficientemente grandes como para desarrollar una generación hidroeléctrica tecnológicamente diferente. Lamentablemente, la falta de creatividad y el afán de copiar tecnologías foráneas está dando lugar a una toma de decisiones errada, que va a ocasionar serios impactos ambientales en el futuro próximo. Con relación a los temas forestales, también existe una problemática de alto riesgo para la calidad del agua y la ecología de las cuencas hidrográficas del país. La quema de vegetación arbórea, la extracción selectiva de especies maderables y la ampliación de la frontera agrícola y ganadera, son actividades que carecen de una planificación adecuada en Bolivia. Los impactos negativos están vinculados a la pérdida de biodiversidad, extinción de especies, muchas de ellas todavía desconocidas para la humanidad, emisión de carbono a la atmósfera y modificación del ciclo hidrológico. El año 2010, Bolivia emitió a la atmósfera tantos gases de efecto invernadero per capita como los Estados Unidos.




Bibliografía

Costanza, R.; d’Arge, R.; de Groot, R.; Farber, S.; Grasso, M.; Hannon, B.; Limburg, K.; Naeem, S.; O’Neill R.; Paruelo, J.; Raskin, R.; Sutton, P.; van den Belt, M. 1997. The value of the world’s ecosystem services and natural capital. Nature 397: 253-260.

De Groot, R.; Wilson M.; Boumans, R. 2002. A tipology for the classification, description and valuation of ecosystem functions, goods and services. Ecological Economics 41: 393-408.

FAO. 1997. Plan nacional de manejo de cuencas.

UN. 2005. We the peoples: the role of the United Nations in the 21st century. UNEP, NY.